por KHARLYCKA.
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Hoy podría ser un domingo cualquiera, pero casualmente el día del Padre ha aterrizado para recordarnos que es un día marcado para celebrar a los hombres que nos guiaron y nos amaron con su ejemplo y fortaleza.
Mi vida ha sido especial…no todos tienen la oportunidad de conocer dos versiones paternales que les hagan aprender lecciones de amor: la biológica y la adoptada.
Mi padre llegó cuando tenía 3 años de edad…ahora que soy adulta, he aprendido que pocos son los hombres que deciden afrontar una relación al lado de una mujer con una hija, y sobre todo, pocos son los afortunados que deciden hacerse cargo de un hijo ajeno, que sea capaz de proveer sus necesidades, de educarle y sobre todo, de amarle y respetarle como si fuera de su propia sangre.
Porque padre no es el que engrendra, sino el que cría.
Muchos hombres tienen la capacidad de engendrar y de convivir con sus hijos,…pero no todos aman a sus hijos. Muchos creen que la paternidad se ejerce a través de la pensión alimenticia que sean capaces de solventar, ó comprandole sus caprichitos a los retoños compensando la falta de atención y de interés en jugar con ellos… aunque otros deciden evitarse el “lujo” de ser padres al renunciar a sus derechos, abandonando a sus retoños y quedando como amables “donadores de espermas”.
Mi padre ha sido muy trabajador, pocas veces se enfermaba, pocas ocasiones tomaba vacaciones y además me enseñó tantas cosas, como contar chistes, hacer ejercicio, bailar y disfrutar la música cumbia y salsa, a respetarme, a ser inteligente y no darme por vencida, especialmente ahora que soy madre.
Antes me espantaba los galanes, ya que le tenían cierto respeto (por no decir miedo) por ser musculoso y fuerte…me prevenía de meterme en aprietos si algunos galanes de dudosa reputación se acercaban y a veces me daba consejos de vida:
“La vida es como un pastel, y debes tener muchas velitas prendidas…si se apaga alguna, no hay problema, te quedan otras encendidas” (neta, éste consejo siempre fué su favorito).
La cosa es que las velitas mi papá las aplicaba a mujeres…era tremendamente coqueto e infiel, y aún sigue siendo mujeriego.
Mi papá como pareja de mi madre no dió el ancho, lo admito…pero como papá, siempre me amó, me respetó, me cuidó y me enseñó muchas cosas que ni el mejor padre biológico pudo haberme aportado.
Amo a mi padre con todos sus defectos y virtudes, desde aquí hasta el infinito y más allá…el mejor padre que la vida me pudo dar.



