Por: Bian 🙂

El amor de una madre por un hijo no se puede comparar con ninguna otra cosa en el mundo.
No conoce ley ni piedad, se atreve a todo y aplasta cuanto se le opone, el amor de una madre es tan grande, que da su propia vida para salvar la de sus hijos.
No tiene límites, probablemente todas podamos afirmar que somos capaces de morir para salvarle la vida a nuestros hijos. ¿Cuántas madres no lo han hecho a lo largo de la historia?

Antes de convertirnos en padres, tenemos una idea del amor. Creemos que sabemos y conocemos nuestra capacidad de amar. Y si bien el amor a los hijos es distinto del amor que le tenemos a la pareja, un bebé viene a enseñarnos que somos capaces de amar un millón de veces más fuerte de lo que creíamos. Que podemos sentir que el corazón, el cuerpo y nuestra mente se desbordan del amor que sentimos hacia nuestros hijos.

Es un amor único, como ningún otro. Un amor que es imposible medir porque simplemente no tiene límites. Un amor que nos lleva a dar lo mejor de nosotros, a dar nuestro mayor esfuerzo, a entregar nuestro último aliento por ellos. Un amor que aumenta las alegrías y que en momentos de tristeza nos ayuda a seguir adelante y nos llena de energía. Un amor que nos lleva a entregarlo todo.

Como madre sé que no dudaría en dar la vida por mi hija. Porque la amo y porque quiero lo mejor para ella, quiero que tenga una vida plena y felíz. En mis manos está mostrarle las herramientas para lograrlo, pero sé que si en algún momento no hay más remedio que sacrificarme por ella, lo haría sin titubear.
Las madres y padres que han dado su vida salvando la de sus hijos son verdaderos héroes. Son personas especiales, que se despojaron de todo para darle una oportunidad de salvación a sus hijos, sin importar entregar su propia vida. Mi admiración y respeto para todos ellos!!

De todos los tipos de amor, quizás sea el de madre el que más potencia tiene. El amor entre madre e hijo surge de forma instantánea como una conexión que une dos cuerpos y dos almas. El amor de una madre es incondicional, es eterno.
Cuando dicen que la naturaleza es sabia se refieren, entre otras cosas, a la unión que se produce entre las madres y los hijos. El instinto de protección de una madre nace en el momento de saberse embarazada, y perdura a lo largo de 9 meses en los que, sin poder ver a su bebé, siente que es el tesoro más preciado del mundo.

Valoremos el amor de nuestras madres, su amor sincero, desinteresado e infinito.
Tener presente que a una madre le duele más que a nadie decir NO a sus hijos, retarles, medir sus fuerzas, verles caer, abandonar sus sueños o desaprovechar sus capacidades..pero conoce la importancia de los límites y pretende que sus hijos los aprendan.
Una madre no puede vivir por sus hijos pero sí procura compartir lo máximo con ellos. Por eso, una madre intenta cada día coser unas alas enormes y ligeras que permitan a sus hijos volar muy muy alto!!

ENSEÑARÁS A VOLAR, PERO NO VOLARÁN TU VUELO. ENSEÑARÁS A SOÑAR, PERO NO SOÑARÁN TU SUEÑO. ENSEÑARÁS A VIVIR, PERO NO VIVIRÁN TU VIDA. SIN EMBARGO, EN CADA VUELO, EN CADA VIDA, EN CADA SUEÑO, PERDURARÁ SIEMPRE LA HUELLA DEL CAMINO ENSEÑADO.
MADRE TERESA DE CALCUTA.
