Cuando el cerebro le tapa la boca al corazón…

por KHARLYCKA.

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@cafeentre3

La vida moderna exige mucho demasiado diariamente, desde lo profesional, lo emocional y lo personal.

Desgraciadamente lo profesional nos orilla a sacrificar cosas importantes en lo personal, como una pareja, una estabilidad y sobre todo, el tener una familia.

Nos obsesionamos en permitir que todo el tiempo hable nuestro cerebro y entonces lo racional se vuelve el pan de cada día, ya que no permitimos que nuestras emociones y sentimientos aparezcan durante los pasos que damos todo el tiempo.

Llegamos a sufrir y a perder el sentido de nuestra existencia, podemos creer que estamos perdidos, sin dirección, sin brújula, nos podemos atormentar y lo peor, que alejamos a las personas que nos aman con plena conciencia, engañandonos de “estar haciendo lo correcto”, porque nos consideramos un desastre al establecer relaciones y nos creemos unos completos incompetentes para mantenerlas.

¿En qué momento de la vida nos volvimos tan obsesivos de pensar y de no sentir? ¿porqué nos empeñamos en alejar a quienes nos aman sabiendo que lastimamos a alguien que nos aprecia por lo que somos, por lo que nuestro corazón vale y no por apariencias vacías y huecas?

No sirve de nada permitir que el cerebro hable en lugar de nuestro corazón.

El corazón debe ser sincero, debe buscar la felicidad…el corazón NO fué hecho para ser roto… día a día late con el propósito de vivir, de sentir felicidad, de sentir amor, de sentir compasión, de sentir el propósito de tener fé y crear un universo en armonía con quienes nos rodean…

En alguna ocasión quise permitir que mi cerebro hablara con mi voz… fué fatal…sufrí mucho… mi corazón necesitaba su propia voz y por primera vez comprendí que la libertad de palabra que mi corazón necesitaba no sería juzgado ni manchado por lo que pensaran los demás…todos viven como quieren y como pueden… todos viven a su manera y no puede ser posible intentar vivir complaciendo a los demás basandome en el cerebro y no en mi corazón.

El corazón se atreve a hacer promesas que el cerebro tiene miedo de cumplir, porque las exigencias del cerebro son superficiales, basadas en algo externo, en algo pasajero como lo material, como un trabajo que tiene fecha de caducidad, como en querer cargar demasiados problemas encima, tanto personales como ajenos, como en poner la fé en peligro con dudas e incertidumbre, como cualquier cosa irrelevante ante los ojos de los verdaderos sentimientos que nos conmueven y nos hacen felices.

Deja hablar el corazón…dejalo ser feliz…el cerebro solo te jode la existencia y te provoca una infelicidad absoluta.

Podemos ser felices de una manera tan simple, tan fácil, tan sencilla, tan hermosa…podemos ser felices con la gente que nos ama…dejar de rechazar a quienes nos aman en tiempos de crisis porque es un regalo que la vida nos da y debemos apreciarlo con todo el amor que tenemos en el fondo del corazón.

Vivimos para ser felices, no para ser mártires.